9 formas de aliviar la tensión en nuestra vida
Detectando las raíces de la tensión

Vivimos en una tensión constante. Desde que empezaran las primeras revoluciones de la humanidad, la vida se ha acelerado bastante. Y si ya nos venimos a la revolución tecnológica que estamos viviendo y el cambio de era, la aceleración se ha producido a unos niveles supersónicos.

Todo pasa muy deprisa, pero en realidad nosotros somos los mismos homo sapiens de hace miles de años. Y claro que esa desaceleración de nuestra propia evolución física (no olvidemos que, a pesar de todo, el cerebro también forma parte del cuerpo) nos lleva a no pillar el ritmo.

No solo hablo de la tecnología, que va cambiando. También hablo de la vida en general. De la evolución de la propia percepción de nosotros mismos y de nuestro entorno. Cambia la vida, las formas, los usos y costumbres y también cambian los valores.

La dictadura de la imagen cada vez toma más presencia. La necesidad de emprender, de triunfar en la vida, de vivir vivencias únicas en lugares increíbles, de mostrarlo al mundo, de sonreír siempre, pero en el fondo de observar que sigues sintiéndote igual, que parece que no llegas o que te asfixia, nos genera una tensión terrible.

Este estado de tensión nos lleva a reaccionar, en muchas ocasiones, de manera desproporcionada ante diferentes circunstancias en la vida que, en realidad, si lo miramos con perspectiva, no son tan importantes. Por ejemplo, tu vecino un rato antes ha hecho algo que te ha enojado demasiado, sin embargo, poco después piensas que, en el fondo, no es tan mala persona.

¿Por qué vivimos con tanta tensión?

Aparte del ritmo frenético que ha tomado la vida, un factor muy importante es que nadie nos enseña a relajarnos.

Verás, no es que haya que aprender como aprendimos a escribir o leer. Nacimos en modo relajado. Un bebé no necesita aprender a estar relajado. Un animal no necesita aprender a estar relajado. Si las circunstancias son favorables -es decir, no hay ningún factor que pueda causar tensión- los bebés y los animales están en relax, tranquilos. Completamente tranquilos.

Fue a partir de empezar a desarrollarnos, a crecer y conocer el mundo, a interactuar con las otras personas, a condicionarnos, que empezamos a perder la capacidad de relajarnos, de responder de una manera diferente. Las prisas, las exigencias, los gritos, la necesidad de destacar y, sobre todo, que no existe en la educación (tanto familiar como en la escuela) ninguna propuesta para aprender a relajarnos, nos ha llevado a “olvidar” qué es estar relajados.

Tanto es así, que incluso en las clases de yoga, sucede que alguien, de repente, se da cuenta de que no sabe relajarse. No consigue “soltar”. Pero tranquilidad, porque a relajarse, se reaprende.

La tensión funciona a nivel subconsciente

A fuerza de intentar cumplir todas las expectativas de la sociedad y de ir olvidando la manera de vivir de una forma relajada, hemos ido creando surcos en nuestra mente que han ido condicionando nuestra actitud y nuestras respuestas. Estos son los sanskaras: flujos que como si fueran un CD que grabamos, van horadando nuestra mente y condicionando nuestras reacciones y respuestas. Así, pensamos que reaccionar de una manera agresiva ante una determinada circunstancia es la forma “natural” de reaccionar.

Por eso, debemos comenzar a explorar nuestro subconsciente, para liberar esos patrones y volver a reescribir otros diferentes que nos ayuden a vivir en armonía. La práctica de Yoga Nidra puede ser una excelente manera de comenzar.

La relajación se trabaja

Una idea a menudo equivocada sobre la relajación es que esta surge de manera espontánea, o no surge. Tendemos a pensar que la relajación es una especie de don con el que se nace y que si no puedes relajarte es porque no has conseguido ese don. O bien, en el momento en que intentas relajarte por primera vez y no lo consigues, enseguida piensas que se debe a que no eres capaz de hacerlo o que la relajación no es para ti.

A muy pocas personas se les ocurre que, realmente, como todo en esta vida, la relajación -perdida desde hace ya tanto tiempo- hay que trabajarla, al igual que se trabaja en yoga a través de la Constancia y el Desapego.

A mí me gusta poner el símil de la persona que, por primera vez, va a un gimnasio a coger pesas, cuando nunca antes ha hecho ningún ejercicio de ese tipo. Nadie dudaría de que es absolutamente descabellado coger una mancuerna de 20 kilos para hacer tus primeros ejercicios. Pues bien, con la relajación sucede exactamente lo mismo. No pretendas que después de años de tensión constante, de no dormir bien, de no poder relajar tus músculos, menos aún tu mente, en 15 minutos consigas relajarte plenamente. Imposible.

Así que, lo siento por las prisas que puedas tener pero… a relajar hay que aprender y la relajación hay que entrenarla como entrenas cualquier otro músculo del cuerpo.

Para relajarte, mantente alerta

La idea es que consigas detectar esas actitudes y reacciones que te hacen vivir en una tensión constante, o que te impiden relajarte como quisieras. Date cuenta de que muchas de las tensiones con las que lidiamos nos vienen impuestas por lo que la sociedad espera de nosotros. Un trabajo de éxito, una familia ejemplar, viajar a todas partes, tener una bonita casa, poder comprarte un buen coche, algo de dinero ahorrado, un trabajo del que presumir, un cuerpo idílico… Como diría Jose Carlos Ruíz en El Arte de Pensar, vivimos en una dictadura de la felicidad.

Así que mantén tu mente alerta para detecta todo aquello que, poco a poco, te va robando tu calma y, con ella, tu felicidad.

Reprogramando tu mente: 9 maneras de aliviar la tensión en nuestra vida

Swami Satyananda, en su obra Yoga and Kriya, iría desentrañando uno de los grandes problemas de este siglo: la tensión que hemos ido acumulando y la incapacidad de volver a un estado armonioso en nuestra vida. Así, estableció varios códigos para reprogramar nuestras mentes y vivir una vida más plena y serena. Algunos de estos son:

Deja de usar a las personas en tu propio beneficio

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Deja de esperar que la gente actúe como tú quieres. La mayoría solemos esperar que la gente responda como consideramos que es más adecuado para nosotros y cuando no lo hacen, nos frustramos, nos genera tensión, incertidumbre. Si alguien se sale de nuestros patrones, se convierte en un foco de tensión.

Entiende que cada persona tiene su propia manera de relacionarse con el mundo, y su visión personal. Respeta la idiosincrasia de cada uno de ellos.

2. Acéptate a ti misma/o con tus luces y tus sombras

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Todos tenemos luces y sombras que debemos aprender a aceptar e integrar en nosotros. Solo así podemos dejar de sentirnos frustrados cuando una cualidad falta o una cualidad prepondera.

Deja de buscar la felicidad fuera de ti

Lo que evitas, te persigue; lo que aceptas, te transforma

Olvida el pasado y el futuro: Lo que existe es el presente

Tú no eres ni tu cuerpo, ni tu mente

Que tus pensamientos, tus palabras y tus acciones sean uno

Convierte los problemas en desafíos

No temas ser quién eres