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Las flores de nuestro jardín

por
Míriam
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6 junio, 2016

En mayo, en la penúltima semana, tuve la primera sesión con los pacientes de la Cruz Roja. Ese día iba a hacerles una revelación importante… A través de las técnicas del Yoga, íbamos a ir explorando los confines de nuestro interior para conocernos, para contactar con nuestra verdadera esencia. Tras algunos ejercicios de energización, moviendo el cuerpo y despertándolo, respirando un poco y animando a la mente, comenzamos a exporar algunos aspectos que no conocíamos en nosotros.

Yoga en la Cruz Roja. Curso Las Flores de nuestro jardín

En este artículo os dejo la primera verdad que fue revelada y sobre la cual se dedicarán todas las demás sesiones. Como colofón a la misma, cada uno de nosotros elegimos una flor que en posteriores sesiones iremos utilizando y trabajando para crear en nuestra vida, para convertirnos en los Creadores de esos momentos únicos y maravillosos.

Cuando nacemos recibimos dos regalos. El primero es el obvio y más importante: la vida, la existencia, la oportunidad de estar aquí y ahora… El segundo hay que descubrirlo. Algunas personas logran descubrir el regalo que reciben, otras pasan por la vida y no se dan cuenta de ello… Pero nosotros, aquí, vamos a descubrir ese gran y hermoso secreto: nuestro bien más preciado.

Cuando naces, la vida emerge en ti: ese gran suspiro, esa luz al final del túnel te alumbra y te sumerges en ella y, entonces, recibes la bendición de la existencia, tienes la oportunidad de estar aquí, ahora. Sin embargo, como una especie de sombra o de polo opuesto, pues está en nuestro interior, también se te es concedido un lugar, un espacio hermoso dentro de ti. Un lugar que te acompañará durante toda tu existencia y que tú podrás construir, al que podrás acudir siempre que lo necesites, siempre que lo desees. En ese lugar se encuentra todo lo que eres, todo lo que tus antepasados fueron, todo lo que serán tus hijos y tus seres queridos. Un lugar que cuando lo descubres te permite compartir su belleza con plena conciencia.

Ese lugar es tu Jardín.

Tu Jardín es interior, está dentro de ti… Pero también está dentro de cada una de las personas que existen en la Tierra. Está dentro de tu padre, dentro de tu madre; está dentro de tus hijos y está dentro de cada uno de nosotros. Como un espacio de distinta dimensión, el Jardín se encuentra en conexión con lo que has heredado y con lo que darás en herencia, se encuentra en conexión con todas las personas y seres que se cruzan en tu camino. Y lo más hermoso es que cuando te das cuenta, puedes encontrar y ver el jardín de las otras personas, y puedes compartir las simientes que arraigan en el tuyo con los demás.

Cada árbol de ese Jardín son las Enseñanzas, los Principios, los Valores que te han sido transmitidos por las personas importanes que han formado parte de tu vida: por tus padres, tus maestros, tu Esposo, tu Esposa, tus hijos… Todo lo que te han enseñado y que se han convertido en árboles de muchas formas, tipos y colores.

JardínCada flor del Jardín son las pequeñas alegrías, emociones, momentos felices que las hermosas cualidades que tienes han sucedido en ti. Los momentos de bondad, la sonrisa de un niño, el amor de tu madre, aquél día que paseaste cogida de la mano, la emoción de ver a tu hijo en bicicleta, el día que  te casaste, esa divertida tarde con tus amigos… Cada una  de las flores desprende esos pequeños momentos de felicidad.

Cada piedra en tu Jardín representa los obstáculos que has tenido en tu vida, las dificultades que has debido superar. Hay piedras grandes, piedras pequeñas… pero todas forman parte del jardín, pues tu jardín sin esas piedras no podría existir. Cada piedra va cambiando la forma de tu jardín, y algunas incluso ahora permiten que el agua del río que fluye no se desborde, y quizás en algunas puedas sentarte y descansar.

El Jardín está lleno de vida, cada elemento forma parte intrínseca de tu ser. La tierra con sus aromas, con su vida y su vegetación simbolizan tu cuerpo y toda la actividad que sucede en tu cuerpo. En el cielo, en las nubes que lo cruzan puedes ver los pensamientos que van y vienen y ahí, en el fondo tu mente clara y despejada. A veces nubes lo surcan, pero sabes que más allá de las nubes puedes ver el cielo.

En el agua de las fuentes  puedes ver cómo tus emociones corren con ella… a veces las dificultades -piedras que caigan , hojarasca que detenga su flujo, el frío invierno que congele sus aguas…- pueden hacer que agua se turbie o se alborote, sin embargo, tarde o temprano, podrás volver a contemplar cómo sigue fluyendo. Y ese agua, cuando es limpia y clara, es el alimento de los buenos pensamientos y de la tierra fértil

El aire que todo lo envuelve, es la energía que permite que todo se mueva, que todo fluya. Que barre las hojas caídas de los árboles para mostrate los senderos, que empuja las nubes para que el cielo sea azul e infinito, que acarica las aguas para mantenerles claras, fluídas y cristalinas… El aire es tu respiración, que lo enlaza todo, que todo lo envuelve.

Y el Sol, la luz ahí arriba, en lo alto, esa es tu veradera esencia. El sol es lo más hermoso y profundo de tu ser, lo que realmente eres, sin máscaras, en tu estado más puro.

Y ahora, en este momento, vamos a descubrir nuestro Jardín, vamos a contemplarlo y a adentrarnos en él, a explorar sus recónditos rincones, a formar parte activa del mismo. Ahora somos diosas, dioses, de nuestro Jardín, ahora somos los Jardineros y las Jardineras. ¿Qué voy a cultivar dentro de mí? ¿Qué simiente permitiré que brote? ¿Qué cualidad alimentaré en mi plena conciencia y cuando crezca en mí, compartiré con todas las personas que me rodean?

Ahora ha llegado el momento…