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Navasana | La postura de la barca

por
Míriam
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30 enero, 2016

Uno de los obstáculos que Patanjali describe en sus Yoga Sutras y que nos impide alcanzar la Liberación es âlasya, la pereza. La pereza tiene lugar por un déficit de energía a causa de una falta de ejercitamiento, sin embargo, estos periodos de decaimiento y actividad suelen ser muy fluctuantes: te llevas una temporada en la que te comes el mundo, y otra temporada en que te es prácticamente imposible levantarte de tu sillón. Este fenómeno sucede porque estamos apegados a nuestros éxitos y fracasos, a nuestros placeres y dolores, con lo cual, nuestras motivaciones van fluctuando. La pereza viene dada por una incorrecta gestión de nuestras energías: como un tsunami, en un par de días queremos hacer todo lo que no hemos conseguido hacer en varios meses, y tan pronto sube, la energía se nos agota, y baja… y recuperarse es otra historia.

Con Navasana aprenderemos a acumular la energía en nosotros, a activarla y mantenerla constante, pues nos centramos en la zona abdominal, el centro energético de todo el Ser.

¿Cómo se ejecuta?

Partimos de la posición de Dandasana. Desde aquí podemos probar primero con la parcial de la barca: extiende tus brazos al frente (purna), paralelos al suelo, y flexiona ambas piernas, colocando las plantas en el suelo, desde esta posición alza tu pierna derecha con la rodilla flexionada, de manera que tu pierna quedará paralela al suelo, pero levantada en el aire, toma unos segundos en esta posición y luego vuelve a bajar y descansar; ahora haz lo mismo con la otra pierna.

De la parcial de la barca, podemos pasar a una de las variantes de la barca, que es la que vemos hoy aquí. Desde Dandasana, coloca las plantas de los pies en el suelo, y, desde las caderas, inclina tu tronco recto ligeramente hacia atrás: has de sentir que el punto de apoyo entre tu cuerpo y el suelo se localiza en la zona sacroilíaca, los isquiones (esas dos protuberancias que puedes tocar y que son la parte inferior de tus huesos pélvicos) se encuentran en el aire o con un apoyo muy ligero, –observa que tu vientre esté activo–. Desde aquí eleva ahora ambas piernas a la vez. Tus manos te ayudan a hacer de contrapeso. Las piernas puedes dejarlas flexionadas en el aire, o bien extenderlas; así mismo, las manos pueden estar en purna o elevarlas por encima de la cabeza. Mantén varias respiraciones. Puedes repetirla en distintas ocasiones.

Los pies se suelen encontrar en flexión plantar, aunque sería interesante probarla con dorsiflexión. Las piernas, de igual modo, pueden encontrarse flexionadas, lo que facilitará la postura, o bien con las rodillas extendidas, que en este caso, necesitaremos una fuerza aún mayor para mantener la postura.

La pelvis se encuentra en flexión y en ligera aducción, para sostener las piernas arriba en el aire. Es todo un reto para los músculos de los muslos y los músculos pelvianos mantener las piernas arriba enfrentándose a la fuerza de gravedad.

El movimiento se ejecuta a partir de las caderas, con lo cual hemos de evitar, en lo posible, que el tronco se nos ahueque, sino llevarlo lo más recto posible. La cabeza, como casi siempre, alineada con el resto del tronco, de manera que llevarás el mentón recogido, y la mirada hacia el frente.

Dependiendo de la posición de brazos que elijamos, así se dispondrán los hombros. Puedes decidir si dejas tus brazos estirados frente a ti o decidir si alzas los brazos hacia arriba, o si le confieres cierta inclinación a los mismos (como cuando hacemos el segundo paso del Saludo al Sol), en cualquiera de sus casos, los hombros siguen la acción de “abajo y atrás” evitando que se nos acerquen a las orejas.

Puntos claves

  • Piernas alzadas, sin tocar el suelo, bien flexionadas, bien estiradas.
  • Punto de apoyo en la zona sacrococcígea.
  • Vientre activado.
  • Brazos en purna (hacia el frente) o por encima de la cabeza.
  • Tronco alargado, movimiento a partir de las caderas.

Deshaciendo la postura

Para salir de Navasana,  vuelve a colocar las plantas en el suelo y acércate a tus piernas, abrazándolas. De esa forma darás descanso a los músculos que han estado activos. Seguidamente, puedes hacer torsiones muy ligeras, como la torsión de Rishi Mudra.

Lo que transmite, lo que significa

Nuestro abdomen es el centro operativo del ser. Ahí tiene lugar el proceso alquímico que permite nuestra existencia: de ahí surge la energía, ahí llega la energía y se convierte. No tiene que ver con pensamientos esotéricos… Observa que la parte más importante de tu organismo es tu tronco, y sobre todo el centro de tu tronco. En días fríos, son las extremidades las que primero se enfrían: las manos, los pies, la nariz, las orejas… porque todo tu organismo se centra en que tu tronco, y tu zona abdominal no se enfríe.

Es ahí donde tiene lugar la alquimila de los alimentos, la transformación de lo que has ingerido en nutrientes para seguir construyendo tu organismo. De igual modo, es ahí donde tiene lugar el mayor acúmulo de energía que se irá dispersando por todo tu Ser.

En muchas culturas orientales encontramos el vientre como el Centro del Ser, el Hara, o la Power House a la que se referiría Pilates. Es decir, cuando nos centramos en nuestro vientre, nuestra energía comienza a funcionar y a activarse.

Pero, además, nuestro vientre es la casa donde reside el Ego, la Personalidad: Manipura Chakra. Ahí tiene lugar lo que somos y cómo nos manifestamos al mundo. Un vientre flexible y fuerte da lugar, irremediablemente, a una personalidad flexible y fuerte.

Navasana nos ayuda a controlar nuestras fluctuaciones energéticas y nuestras fluctuaciones mentales: el dominio de la postura ayuda a fortalecernos desde la sede de la Personalidad, a conseguir establecer en nosotros un adecuado manejo de la energía, permitiendo que nuestra barca fluya constante, segura, y no que vaya a la deriva, de un lado a otro, de un pensamiento a otro.

Los beneficios que aporta

Esta asana nos viene bien para fortalecer los músculos abdominales sin obstruirlos y permitiendo una sensación de apertura. Nos ayuda a masajear los órganos abdominales como el hígado y el bazo, mejora nuestra agilidad y fortalece la espalda junto con las asanas laterales. Nuestra columna se vigoriza y nos previene de trastornos dispépticos  y cura la aerofagia. Ayuda a fortalecer la concentración, y a desarrollar nuestra voluntad.

¿Alguna contraindicación?

Navasana, como asana completa, está contraindicada para las mujeres embarazadas. No obstante, con los soportes adecuados, podremos ejecutar su versión parcial, de forma que dediquemos una ligera tonificación a los músculos abdominales. En caso de tener problemas severos en la zona lumbar, tampoco está indicada para nosotros y si estos problemas son leves, debemos hacerla con mucha precaución.