¿Qué diferencia a una asana de un simple estiramiento?

Algo que diferencia al Yoga y en concreto a las asanas de un simple estiramiento es que a la hora de ejecutarlas implicamos cuerpo, mente y respiración. No solo se trata de llegar a algún sitio con tu mano, de profundizar en un estiramiento o en una torsión, sino que debes tener puestos todos tus sentidos para, de esa forma, encontrar el equilibro en tu cuerpo, mente y espíritu.

Cuando ejecutamos cualquier asana, no solo vale con imitar la figura del profesor o guía, debes sentir un proceso de interiorización. Debes observar tu respiración, observar cada parte del movimiento, observar qué está sucediendo en tu mente.

A veces intentamos crear asanas perfectas, imitar al guía que tenemos frente a nosotros, pero cada asana es única. Explora, observa, pero no imites, pues no existen dos asanas iguales.

Como cuando escalamos una montaña, al iniciar la marcha, deberás ser plenamente consciente de cada paso que das, de dónde y cómo apoyas tu pie y tu mano, de qué manera una respiración tranquila, coordianada con el movimiento, te permite adquirir una mayor seguirdad, un fuerte agarre; te permite un control mental.

Comenzar a ejecutar una asana es igual que subir una montaña, debemos ser conscientes de cada movimiento, concentrarnos, estar tranquilos, para alcanzar la cúspide con seguridad.

Al llegar, por fin a la cumbre, entonces te detienes para explorarla. Sientes tu cuerpo, respiras el aire puro, disfrutas de las sensaciones que te aporta estar ahí. Observas el camino que recorriste y dónde te encuentras ahora.

De igual modo, cuando llegamos a la fase estática de la asana, a la cumbre, ahí debemos explorar todas las sensaciones que se producen en nuestro cuerpo, debemos mantener la consciencia plena en cada parte de nuestro ser… A medida que llegar a la cumbre se convierte en menos fatigoso, podremos profundizar en nuestra respiración, en nuestro estado mental, en nuestra sensación energética.

Y al llegar a la cumbre, puedes explorar y disfrutar de la asana. Observar qué sensaciones se producen en ti. Cuantas más veces alcances la cúspide, más profundamente podrás indagar.

Y  una vez que ya has explorado la cumbre y profundizado en ella, debemos bajar: es decir, deshacer el camino.

Nos parece lógico que si subimos una montaña, o trepamos un árbol, la vía fácil, de ninguna de las maneras, podrá ser dar un gran salto y acabar en el suelo, como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, muchas veces, sin apenas ser consciente de ello, tendemos a deshacer el asana de una manera brusca, abrupta, poniendo en riesgo todo el trabajo realizado anteriormente, y, lo que es peor, arriesgándonos a sufrir alguna lesión.

El descenso, o el deshacer la postura, es tan importante como hacerla. Por eso debemos ser conscientes de cada paso que damos para bajar esa gran montaña. Ser consciente de la respiración, del movimiento del cuerpo, del estado mental.

Volver a bajar la montaña que hemos subido es tan importante como subirla. No podemos dar un gran salto y arrojarnos al precipicio, debemos ser plenamente conscientes y bajarla incluso con mayor consciencia que cuando subimos, para evitar cualquier caída.

En el Yoga, las asanas son un aprendizaje. Nos enseñan y muestran muchos aspectos de nosotros mismos. A través de ella, iniciamos un proceso de meditación, de búsqueda interior, de auoconocimiento. Una gran diferencia, como veréis, respecto a un simple y llano estiramiento.

La asana es algo vivo, con entidad propia. No existe una asana modelo, una asana perfecta. Todas son perfectas. Sean cuales sean tus limitaciones, tu asana es perfecta.

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