Qué es la meditación en el Yoga

¿Qué es la meditación? ¿Qué significa dejar la mente en blanco? ¿Es posible vaciar la mente? ¿Qué tipos de meditaciones hay? ¿Cuál es la mejor técnica meditativa para mí?… Estas son algunas de las cuestiones que muchos de nosotros, cuando nos adentramos en las técnicas meditativas, nos realizamos. En este artículo, siempre bajo mi propia experiencia y aprendizaje, intento resolver algunas de dichas cuestiones, aunque quedan muchas preguntas más por resolver y probablemente las respuestas que encuentres aquí pueden ampliarse y profundizarse en ellas; sin embargo, quizás estas pocas palabras quizás desenreden la madeja de ideas, conceptos de hoy día acerca de la meditación.

El significado de la meditación y algunas cuestiones sobre la mente

¿Qué entendemos por meditación?

Puede que no todo el mundo tenga claro qué significa “meditación”. En realidad, en nuestro idioma el término puede llevarnos a confusión, puesto que en español meditar significa “pensar atenta y detenidamente sobre algo”. Así que cuando alguien nos dice “¡medita!” y luego continúa con un “¡Deja tu mente en blanco!” se produce una especie de colapso en nosotros… “¿Qué es lo que tengo que hacer entonces? ¿Pienso? ¿No pienso? ¡¿Pienso que no pienso?!”.

monje

En realidad, todo esto sucede por los llamados “falsos amigos” que los profesores que enseñan idiomas conocerán: cuando en una lengua hay un término muy parecido o igual que en otra lengua, se tiende a pensar que significan lo mismo pero, en realidad, los significados no coinciden.

Esto nos ha pasado con “meditación”, al traducirlo del inglés y al tener nosotros también la misma palabreja, hemos pensado que tienen el mismo significado, cuando no es así. La traducción más correcta sería la de “contemplación”.

Es decir, mientras en inglés se medita, aquí se contempla.

Creo que aclarar el término y su procedencia nos puede ayudar muchísimo a saber qué significa eso de meditar.

Meditar es contemplar. Es llevar nuestra atención en algo relacionado con lo espiritual, con la conciencia de ser, con la lucidez en el presente. Se trata de una observación, de convertirnos en observadores de nuestro mundo interior para ir descubriendo cosas acerca de nosotros, para ir conectando con nuestra verdadera realidad.

Así pues, cuando meditas lo que realmente has de hacer es convertirte en un espectador de todo lo que sucede en ti.

¿Qué quiere decir “dejar la mente en blanco”?

Recuerdo que cuando empecé a interesarme por la meditación, leía una y otra vez eso de “deja tu mente en blanco” y entonces directamente me imaginaba mi mente pintada de color de blanco… De nuevo nos encontramos con un problema de traducción de “falsos amigos”.

En español mind blank se traduce como “mente en blanco”, sin embargo, lo más acertado es traducirlo como “mente vacía”. De nuevo nos encontramos con el mismo caso que con el término “meditación”, al ser muy parecidos los términos “blank” y “blanco”, decidimos que la traducción sería “mente en blanco”, con todos los problemas que eso supone.

Sin embargo, ahora nos encontramos otro problema… ¿Y cómo puedo vaciar mi mente?…

La mente vacía… ¿Es posible…?

Lo cierto es que en este caso no lo sé. No sé si alguien ha podido vaciar literalmente su mente o no. Imagino que algún Maestro Iluminado ha conseguido cesar las fluctuaciones mentales, ¿pero a través del silencio de la mente…? ¿O a través del desapego de la misma….?

En muchas ocasiones se habla de la mente como nuestro archienemigo a combatir. La mente que da tantas vueltas, que te enreda, que no para de emitir pensamientos que van y vienen, que te crea una sensación como de estar atrapado en un torbellino constante… Sin embargo, una de las funciones de nuestra mente es precisamente esa: crear pensamientos.

Al igual que tu corazón late y no puedes pedirle al corazón que deje de latir, del mismo modo -al menos por el momento- tu mente crea pensamientos: es su función, pensar en cosas, recordar otras, crear otras, ir hacia el pasado, ir hacia el futuro… la diferencia estriba en el modo en que yo me relaciono con esos pensamientos y me identifico con ellos.

A la pregunta de si existe la mente vacía, yo me atrevería a decir que no, la mente no se vacía de pensamientos, del mismo modo que el corazón no para de bombear. Lo que sí creo y sé que podemos hacer es calmarnos ante la mente. No dejarnos llevar por su torbellino y movimiento.  Algo así como tener la opción de contemplar una peligrosa tormenta desde un lugar seguro: la observamos a través de un cristal, o desde la lejanía, evitando que la tormenta nos pille.

Es decir, no podemos vaciar la mente, pero sí podemos desapegarnos o desidentificarnos de nuestros  pensamientos.

¿Qué significa “desapegarnos o desidentificarnos” de nuestros pensamientos?

La mente suele crear pensamientos que tienen asociadas determinadas emociones; del mismo modo, cuando sentimos un determinado estado de ánimo, generamos pensamientos acorde con dicho estado. Esto nos lleva a sentirnos en el plano mental como una hoja que fuera a la deriva del viento: de repente estoy contento, viene un pensamiento como un soplo de aire, y paso a estar triste o enfadado… Luego de nuevo viene otro soplo y me siento más feliz… Así un pensamiento y otro, así un día y otro, así un mes y otro, así un año y otro… así toda la vida….

Sin embargo, tenemos la posibilidad de desidentificarnos de nuestros pensamientos convirtiéndonos en espectadores de los mismos. Para ello tendremos que comenzar a ser conscientes de lo que sucede en la mente: llevar la atención a cómo funciona, cómo va generando pensamientos y cómo yo reacciono a dichos pensamientos.

Cuando conseguimos convertirnos en espectadores de nuestros propios pensamientos, comenzamos a ver las cosas desde una perspectiva diferente. Ya, lo que antes se nos hacía un mundo, de repente nos damos cuenta de que no era tan importante; de que eso que me dijeron y que tanto me ofendió y me dejó malhumorado durante todo el día, ahora veo que en realidad pues tampoco era para tanto… De ese modo, poco a poco, vamos aprendiendo a no dejarnos llevar por las fluctuaciones mentales.

Observa durante un rato tu mente y date cuenta de la tontería que es hacerle caso

Cuidado, que no digo que no tengamos que hacerle caso nunca a nuestra mente y nuestros pensamientos. La mente es de las herramientas más útiles que tenemos en nuestro organismo. Es una gozada poder contar con la mente y con la capacidad de elección, pues eso nos lleva a existir con total plenitud y conciencia. Ahora bien, como digo, es una herramienta y no una finalidad. Tú no eres tu mente, eres algo que está más allá de la mente. Puede que hasta el momento hayas pensado que sí, que eres la mente (el famoso cogito ergo sum de Descartes), pero no… no lo eres. Es, como te digo, una maravillosa herramienta que te ayuda a vivir y que con ella puedes indagar en las profundidades de tu ser, pero solo eso: una herramienta.

Pero volvamos al asunto del epígrafe. Fíjate en tus pensamientos y podrás encontrar varias cosas: Lo primero es lo cambiante que es tu mente. Empiezas a pensar que tienes que comprar algo, arroz mismo, y de repente te viene la imagen de unos dibujos animados cuyo protagonista comía arroz, de ahí te acuerdas que veías esos dibujos de pequeño, con unos cinco años, e ibas a parvularios donde te sentabas con un niño que era muy travieso y un día te dijo algo que te molestó y te sentiste fatal… igual que antes de ayer, cuando tu jefe te dijo que tu trabajo necesitaba mejoras…

¿A que te suena esa concatenación a simple vista imposible –y puede hasta que absurda- de pensamientos? Tus propios pensamientos van mutando a cada instante. Empiezas pensando en una cosa tonta y te puede llevar a un momento muy amargo de tu vida… o pensar en lo más triste del mundo y de repente estar riéndote como un descosido… O bien empiezas con un mismo pensamiento que va tomando diferentes matices, contextos, elementos.

Y tú te estás identificando con todos esos cambios. Tus emociones, tu concepto de ti mismo va cambiando conforme al pensamiento. Total: una locura. Así pues, ¿por qué hacerle caso a todos y cada uno de esos pensamientos que van y vienen?

Cuando te descubras enredado en algún pensamiento que te genera tensión, malestar, tristeza, acuérdate de volverte consciente del mismo y de observarlo. Verás lo pronto que dicho pensamiento se relativiza. Sea lo que sea lo que pienses, se vuelve más relativo, te afecta mucho menos e, incluso, se convierte en una reverenda tontería.

¿Puedo empezar ya a meditar?

Bueno, sí… claro… como poder puedes empezar ahora mismo a meditar del mismo modo que si me preguntas que si puedes correr los 100 metros lisos ahora mismo después de 40 años (y tienes 40) sin hacer deporte pues te diría que bueno, que como intentarlo, lo puedes intentar… ahora que lo consigas ya es harina de otro costal.

Cuando vemos a alguien meditando con esa media sonrisita en su rostro dibujada, esa actitud placentera, pacífica, en un estado de paz más que obvio, damos por hecho de que también nosotros, en el momento que nos sentemos, llegaremos en un instante a ese estado de serenidad, armonía, confort, paz, relajación…

Luego resulta que te sientas y lo más cercano a la paz interior viene cuando, por fin, te levantas del dichoso asiento y puedes estirar las piernas.

Y es que, lejos, muy lejos, de lo que pueda parecer, meditar en realidad requiere muchísima práctica, disciplina, ejercicio, constancia, paciencia, etc.

Lo primero que te sucederá en el momento en que te sientes es que te darás cuenta de que casi todo el cuerpo te duele: los empeines te duelen, las rodillas te duelen, la pelvis te duele, la espalda te duele, los hombros te duelen, el culo te duele. Todo te tira y te molesta y enseguida ya empiezas a desesperarte un poco porque acabas de empezar y resulta que ya estás deseando levantarte.

Luego de las molestias verás lo difícil que es tener paciencia y estar ahí sentado sin hacer nada. Dirás: “Pero si lo más fácil del mundo es no hacer nada”… Ya te digo yo que de eso nada… quizás sea lo más difícil del mundo: no hacer nada. Pero nada de nada. Solo observar. En ese momento, todas las cosas que tienes que hacer, por nimias que sean, adquieren una urgencia y una importancia increíbles.

¿Te acuerdas cuando tenías que estudiar para algún examen que estaba a la vuelta de la esquina, y que de repente te fijabas en lo desordenadísimo que tenías el cajón de tu mesa donde guardabas todos los cachibaches que en realidad casi que no servían para nada? ¿Recuerdas lo importante que se volvía en ese momento tener que ordenar el cajón? Pues pasa más o menos igual al principio… Es un pulso entre tu mente y tú. Tu mente te recordará la de miles de cosas urgentísimas que tienes que hacer en vez de estar ahí sentado, y en alguna ocasión seguramente ganará el pulso… no obstante, la constancia te llevará a que cada vez el pulso vaya más hacia tu favor.  Una buena manera de adquirir las cualidades necesarias para una “sentada” (así llamamos al sentarnos a meditar) puede ser con la práctica del Yoga.

La práctica del Yoga para meditar

Practicar el Hatha Yoga en este caso nos va a facilitar la meditación. Lo primero que te recomendaría, antes de empezar de lleno una práctica meditativa, es que practicaras Yoga Físico, porque con él conseguirás primero flexibilizar y fortalecer tu cuerpo y tus músculos, equilibrar pequeñas desalineaciones y mejorar tu postura corporal; segundo porque también te va a enseñar a disciplinar tu propia mente, a mejorar la concentración, la conciencia, la observación, a cultivar la paciencia, el respeto por uno mismo y por los demás, a regular tu respiración, a mejorar tu capacidad pulmonar, a armonizar todos tus sistemas…

Yo, personalmente, creo que el paso previo para meditar es comenzar a contactar con los primeros eslabones del Yoga, porque es la manera en la que luego voy a poder imbuirme realmente en el estado meditativo. A través de la presencia de mi cuerpo, de la conexión con él, podré explorar los confines de la mente y de la conciencia, podré estar presente y habré aprendido a gestionar aquellos obstáculos que puedan ir apareciendo.

Muchas personas han venido a clase simplemente porque le interesaba la meditación. En multitud de ocasiones, al preguntarles si han practicado yoga o alguna disciplina similar me dicen que no, que hacen deporte –o no- pero que en realidad eso de “estirarse” no les interesa demasiado. Aunque suelo avisarles  de que es el momento más difícil (tanto para el cuerpo, que en general está bastante desalineado, como para la mente, que en general quiere ir de un lado a otro) y que es más conveniente practicar previamente, suelen estar convencidos de que eso es imposible e insisten en venir. El resultado, por lo general, es primero observar sus caras de dolor y su desasosiego, y segundo no volverlos a ver más.

Dos tipos de meditación: con forma y sin forma

De manera general, podemos decir que existen dos tipos de meditación: la meditación con forma o punto de apoyo (yo también lo llamo “ancla”), saguna, y la meditación sin forma o punto de apoyo, nirguna.

La meditación saguna

Esta meditación requiere un punto de apoyo, en el cual la mente se focaliza de forma continua para así llegar al estado meditativo. El punto de apoyo puede ser tanto interno como externo.

Los puntos de apoyo externos son físicos y pueden ser muy variados: la llama de una vela, la punta de la nariz, el símbolo del OM, un mantra, una imagen. En muchas tradiciones se utilizan, por ejemplo, las imágenes y retratos de maestros iluminados, como puede ser Jesucristo, Krishna, alguna virgen, algún gurú… Sin embargo, otros nos dicen que el punto de apoyo debe ser emocionalmente neutro (algo que no signifique nada especial para nosotros, como pueda ser un simple punto en la pared). En realidad, yo creo que depende un poco del punto de vista y del sistema de creencias que se tenga. Para aquellos que usan una deidad como apoyo, en realidad así lo deciden porque buscan la identificación con dicha deidad, alcanzando así el estado iluminado. Otros, quizás más racionales, no buscan identificarse con nada ni nadie, sino simplemente alcanzar el estado de yoga.

Por otro lado, los puntos de apoyo internos son aquellos para los que no necesitamos estímulos sensoriales. Si te fijas bien, los apoyos externos requieren de un estímulo exterior a nosotros en el que nos apoyamos, con la vista, fijándonos en una imagen, con el oído, recitando un mantra… Pero también podemos retrotraer los sentidos y depositar nuestra atención en algún fenómeno interno. El más famoso puede que sea el que propone la meditación vipassana, que se ancla en la respiración (y en algún punto de esta). También podemos mirar el entrecejo, con los ojos cerrados (es decir, colocar los ojos en posición como si miráramos en ese punto). Visualizar algún símbolo o imagen… etc.

La meditación nirguna

Es la meditación sin forma, en la que nos convertimos en meros espectadores. No existe punto de apoyo ni anclaje, solo se es conciencia testigo. Muy empleada en la meditación zen, con ella simplemente debemos no-hacer sino observar.

Ambos tipos de meditación tienen simpatizantes y detractores: algunos dicen que la meditación pura es la que no usa forma o punto de apoyo, otros dicen que esta meditación puede ser prácticamente inalcanzable para aquellos cuya mente nunca ha sido disciplinada. Otros, sin embargo, ven una evolución de una meditación a otra: podemos comenzar con la meditación con forma y a medida que disciplinamos nuestra mente y desarrollamos nuestra conciencia, pasaríamos a la meditación sin forma o punto de apoyo.

¿Qué tipo de meditación me vendría mejor a mí?

Este punto es difícil de resolver, ya que se trata de algo bastante personal. Una técnica meditativa puede ser útil para una persona, y otra no encontrarse cómoda en ella. Para averiguar qué técnica puede ser útil para ti, creo que tienes que empezar a explorar con las que vas conociendo y que te van atrayendo de algún modo. Puede que te sientas cómodo en la meditación vipassana, o puede que prefieras algo con orientación tántrica. Puede ser que explores el Zen y encuentres ahí tu camino, o que de repente la Contemplación cristiana sea para ti tu sustento espiritual. En fin, se trata de convertirse en un explorador de las diferentes técnicas y encontrar la que mejor se adecúe a ti.

En conclusión

Estas son algunas de las cuestiones que en un momento dado me pregunté a mi misma y que suelen preguntarme los alumnos cuando se interesan por el tema de la meditación. Obviamente no están reflejadas ni todas las preguntas, ni todas las respuestas posibles a las mismas. Pero si te queda alguna duda, si quieres hacer algún comentario, si te apetece ofrecer algún punto de vista, te invito a que comentes el artículo a través de aquí o en las redes sociales.

 

Que tengas un maravilloso día.

1
Anota tus pensamientos

avatar
1 Hilos de comentario
0 Respuestas de hilo
0 Seguidores
 
Comentario más reaccionado
El hilo de comentarios más caliente
0 Autores de comentarios
¿Qué hace del Yoga una práctica única? – La Isla del Yoga Autores de comentarios recientes
  Suscribir  
el más nuevo el más antiguo el más votado
Notificar de
trackback

[…] son la consecuencia de la práctica y no el leiv motiv– sino que la esencia del Yoga es la Contemplación(3). Y en la práctica del Hatha Yoga, la contemplación tiene lugar en nuestro propio cuerpo que, a […]