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Sobre el Yoga, la veracidad y las sectas

por
Míriam
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17 abril, 2016

Y Jesús dijo:

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” (Mt.7:15).

Hola a todos. Este es el primer artículo de una nueva sección en la página web que hacía tiempo me apetecía crear, pero que por ocuparme de otros asuntos, he ido postergando… hasta hoy. Para no enrollarme mucho e ir al grano, os digo brevemente que estos artículos, bajo la categoría de “Blog”, los escribo desde un enfoque personal. Intentando, como hasta ahora, daros información objetiva, pero agregando mi opinión, añadiendo mis sentimientos y emociones y mi punto de vista acerca del tema. Hasta el momento, me he dedicado a hablaros sobre el Yoga de la manera más objetiva que he podido, pero también me apetece escribir libremente sobre algún tema en concreto. Voy a insistir: en gran medida, es mi opinión y lo que yo pienso, a lo mejor tú no estás de acuerdo. Es normal, cada uno tenemos una visión del mundo particular. Cuestión de respeto ; ).

Pues bien, aclarado este punto… Comenzamos.

¡Namasté!

Hoy quiero hablar sobre un tema que, personalmente, me afecta, debido a la profesión –insisto, mi profesión- a la cual me dedico, que es enseñar técnicas de Yoga. Es mi profesión, y me he formado –y me continúo formando – para ello. No me vino dada por revelación divina… qué va (ojalá)… he tenido que emplear tiempo, dinero y sacrificio para hacer lo que hago.  Yo me dedico a la enseñanza y mis clases están enfocadas a enseñar, eso implica una serie de requisitos, como es realizar programaciones anuales, o de talleres, unidades didácticas, establecer objetivos, procedimientos, metodologías, consultar la normativa vigente, seguir el currículo establecido y la normativa adecuada, estudiar obras fundamentales, manuales, formarme en diversos ámbitos… En mi caso,  no es que llegue a la clase y de repente me dejo llevar por mi intuición o energías… porque esto va en serio, o al menos yo me lo tomo en serio.

Soy licenciada por la universidad, me he formado en la escuela de Danza de la Universidad, he realizado diferentes cursos enfocados a la meditación, a técnicas específicas de Yoga, a la psicología, al ámbito de los primeros auxilios, a la prevención de riesgos laborales, técnicas de enfermería, dinámica del movimiento… y también otras disciplinas como Tai Chi, Danzas, Qi Gong, e incluso Reiki. Con esto quiero decir que la cosa va en serio. Que intento cada día aprender para ofrecer lo mejor en cada una de las clases. Que antes de decidir hacer una técnica, primero la he machacado en el papel, después en mi propia práctica… Porque, como decía antes, el Yoga va en serio y quiero transmitirlo así… que va en serio.

Y desde siempre me ha gustado estudiar la raíz de las cosas, de los conocimientos, de todo. En el Yoga, estudio especialmente las fuentes más antiguas: los textos védicos y tántricos de la India, pero también recurro a otras fuentes de otras culturas y religiones: la griega, la egipcia, la sumeria, el antiguo testamento, la antropología, las sociedades primitivas… Porque, para mí, conocer la historia y el origen de las cosas nos lleva a comprender el presente, nuestro presente.

Y cuando accedo a dichos estudios, cuando leo los textos, los análisis y las interpretaciones, y vuelvo mi mirada al presente, en muchas ocasiones me digo  ¡¡madre mía!! ¿Cómo es posible que se estén tergiversando estas palabras, estos versos, estos versículos, estas azoras, estos slokas o estos sutras? Tanto por las grandes religiones (que siempre suelen derivarse en distintas ramas, y que cada rama puede llegar a hacer una interpretación distinta de los textos) hasta por comunidades, asociaciones y personas que  tienen una personalidad influyente y que a veces consiguen cambiar el curso de las cosas y del pensamiento.

Pero centrarse en cada uno de estos aspectos, sería interminable, por lo que solo me dedicaré a la parte que a mí me toca: El Yoga y la enseñanza del Yoga.

La Veracidad en la enseñanza: un ejemplo entre el Pilates y el Yoga

Como ya sabes, ahora existe un boom respecto al Yoga, un boom que parece que está resurgiendo… Hace unos cinco o seis años, hubo un boom para la práctica de Pilates. Paseabas por Cádiz, San Fernando… y veías casi en cada esquina algún centro de Pilates. Los médicos recomendaban esta disciplina para personas con ansiedad (?), depresión (?), fibromialgia (¡¡¡???!!!),  y demás dolencias a las que se prescribía “relajación”. Y entonces recomendaban, en su ignorancia – no estoy en contra de la ciencia médica, pero sí en posición de decir que los médicos no son dioses todopoderosos que todo lo saben… recomendar a alguien con ansiedad o fibromialgia la práctica de Pilates, es sencillamente, tener muy poca idea de lo que se está recomendando aunque sí existen otros profesionales de la salud que se preocupan en conocer adecuadamente las terapias correspondientes- este tipo de práctica para estas personas.

El Pilates es una técnica maravillosa… pero no es una técnica de relajación. Pilates la concibió para recuperar el tono muscular en personas que habían estado encamadas a través de ejercicios (inspirados en técnicas orientales y en la rígida gimnasia sueca) que fueran accesibles y que se basaran en la recuperación de dicho tono. Para recuperar el tono muscular es necesaria la contracción del músculo. Ejercicios básicamente de fuerza isotónica combinado con algunos de fuerza isométrica… Con el correspondiente estiramiento. Sí es cierto que Pilates también tuvo en cuenta algún otro aspecto, como una especial atención a la respiración (aunque su propuesta respiratoria está basada en la concepción  occidental de la misma, en la que se inspira por nariz y se exhala por boca, siendo una respiración intercostal) y la concentración en la “powerhouse”, centro energético que se menciona en muchísimas tradiciones orientales.

Muchos profesores de Pilates, han visto que su técnica puede quedar más completa si agregan algunas técnicas yóguicas… Y seguro que así será. Otros se confunden completamente, y piensan que si enseñas Pilates, enseñas yoga también… Aquí yo no dejo de sorprenderme…  Y creo que entonces sucede un poco como el médico del que hablaba antes… Realmente, pensar que al dedicarte a enseñar Pilates, te capacita para enseñar Yoga, solo responde a una exaltación del Ego y  una gran ignorancia… Pues en el Pilates, la técnica es el fin; pero en el Yoga, la técnica es el medio.  Y enseñar Yoga no solo es aprender a estirar el brazo… Es darle un significado y un sentido a lo que se hace. Cada movimiento, cada pose, tiene atrás una explicación, un por qué, un aspecto psicológico, existencial, que va muchísimo más allá del Pilates. Para enseñar, has de aprender primero qué estás enseñando… y el Yoga es tan amplio que a mí me parece imposible que un profesor solo formado en Pilates pueda, con sus conocimientos, impartir una clase de Yoga.

Obviamente, no significa que ningún profesor de Pilates pueda enseñar Yoga, o alguna técnica, del mismo modo en que yo puedo recoger técnicas de otras disciplinas –incluyendo Pilates- y adaptar algo a lo que yo ya enseño. Pero, aunque sí me haya molestado en aprender algo sobre Pilates, no podría decir que yo también soy profesora de Pilates… porque no lo soy. Porque debería dedicar un tiempo amplio de estudio. En alguna ocasión he encontrado a personas que me decían que eran instructores en Pilates y que, por eso, también de Yoga…  Y en  realidad es un engaño… que puede que sea inocente y que venga dado por la ignorancia y el hecho de pensar que son lo mismo, pero no deja de serlo.

Aun así, esto son algunas excepciones. He recibido alumnos en mis clases que han venido de algún centro de Pilates, porque han tenido problemas como la fibromialgia, donde en el propio centro le han dicho que quizás el Pilates que ahí se practica no le venga bien a su problema,  y que les genere más tensión. Es decir, que en tu profesionalidad también existe la veracidad y el saber qué puedes ofrecer y qué no. Del mismo modo que cuando alguien viene a mi clase de Yoga y me pide perder peso, no puedo venderle que con la simple práctica de asanas va a perder peso, ni tampoco que va a conseguir un cuerpo musculado…  Porque no es cierto, y eso lo extrapolo también al lado contrario, cuando te prometen que el Yoga es la panacea a todos los males que te aturden con su simple práctica superficial. El Yoga no te sirve para perder peso, para conseguir un cuerpo musculado, para que te toque la lotería, para atraer la suerte, para conectar con los grandes chamanes… Te sirve para cambiar tu percepción del mundo, y una vez que hayas cambiado tu percepción y desarrolles en ti las actitudes positivas adecuadas, entonces tendrás la voluntad de ponerte a dieta, o de ir al gimnasio, o de sonreír más… Pero eso también requiere una práctica más profunda que no solo se reduce a lo que haces en el aula.

Por lo tanto, el primer requisito que cualquier profesional, terapeuta, instructor… ha de tener es VERACIDAD. Ser sinceros. No existe ninguna terapia milagrosa.

Pero, volviendo al tema anterior… Tras el boom del Pilates, cuando ya las personas se han dado cuenta de que Pilates es una técnica de tonificación muscular, y que no han encontrado en su práctica la parte espiritual, meditativa, contemplativa, parece que ahora se comienza a despertar un interés mayor hacia la meditación, la espiritualidad, y todo lo que ello conlleva. Y esto lleva a que vuelvan a surgir asociaciones, escuelas, personalidades… que, de un modo u otro, utilizan estas necesidades del ser humano para la manipulación y el enriquecimiento. Así que vayamos por partes.

El Yoga como medio de manipulación

El Yoga es una ciencia. Así es concebido por los antiguos rishis (sabios). No se habla del Yoga como un medio maravilloso de hablar con los arcángeles, dioses, espíritus, de contactar con el más allá o ve tú a saber con quién. No hablan de seguir a un dios –no del modo en que nosotros lo hacemos –, ni hablan de ponerle una vela a San Pancracio, o de reunirte la noche de San Juan y danzarle a la luna. Se habla de una INVESTIGACIÓN. Te enseña a investigar acerca de tu procedencia, de los aspectos de tu ser que no se circunscriben al cuerpo y a la mente. Te ofrece una serie de mapas, explicaciones, guías y demás que te ayuden a descubrir tu Última Realidad. 

Teniendo presente este hecho, todo lo demás es simple parafernalia. A veces veo y leo acerca del Yoga y de algunas prácticas, y me entristece. Cuando a alguien le digo que soy instructora de Yoga, enseguida surge la idea de alguna secta, de conocimientos secretos, de… Y en realidad solo son técnicas para el propio autoconocimiento, en los distintos planos que correspondan: físico, mental, emocional, sutil, casual…  Sin embargo, en ocasiones escucho y veo una serie de florituras hacia esta práctica que me dejan boquiabierta. Empieza a aparecer cientos de tipos de Yoga, muchos de ellos de extraña procedencia. Y comienzan a manejarse ideas y conceptos que en nada tiene que ver con la realidad y sí mucho con una serie de merchandising que es muy muy atrayente, pero que no responde a la realidad.

A través de la inocente práctica del Yoga –que lo es – muchas  personas y grupos de personas han erigido una labor de manipulación y de alienación en las personas que a mí me enfada y me ofusca. Personas que deberían haber sido un ejemplo de tolerancia, libertad y respeto, utilizan el Yoga y sus vías para manipular en su propio favor a  otras personas que se acercan en busca de guía y de luz. Y entonces primero te abren sus brazos, te arropan, te dicen lo malo que es el mundo y lo maravillosa que es la práctica que hacen. Te enseñan a depender de ellos de manera física y emocional… Y cuando ya te han convencido y te tienen atrapado, entonces entretejen sus métodos de dependencia, de manipulación y de cambio. Normalmente se basan en la idolatría hacia su persona, o la idolatría hacia un gurú de dudosa procedencia, o al de alguna idea. Empiezan a enseñarte el mundo como un medio hostil, y el lugar donde ellos están como el único medio de salvación. Y cuando ya te han convencido de ello, llega el momento de absorberte, de ponerte a su servicio o al servicio del lugar donde están. Te hablan de energías negativas, energías positivas, y del peligro que supone salir de ese círculo mágico que se han creado. Entonces tú ya te lo ha creído. Tú ya has caído en la trampa. Empiezas a enemistarte con ciertas personas de tu entorno, a pensar que aquellas personas que antes eran tu apoyo, ahora solo quieren hacerte daño y alejarte de aquello que te hace sentir bien.

Y así, amigo o amiga, es como comienza la manipulación, y cuando ya no solo eres tú, sino que sois muchos más… empezamos a hablar de sectas. Y aquí las hay. Y a mí me afecta porque utilizan dentro de sus prácticas esotéricas y mágicas, la palabra Yoga, y entonces tergiversan lo que verdaderamente es el Yoga.

¿Qué es una secta?

Primero tengo que aclarar qué es una secta. Aunque hoy día tiene una connotación peyorativa, en realidad no tiene por qué serlo en sí misma. De hecho, por ejemplo en el budismo, se habla de sectas para referirse a las distintas corrientes de su religión. Secta proviene del latín sequi, que significa “seguir”. En realidad, algunas de las grandes religiones, como el cristianismo, comenzaron siendo una secta, pues se trataba de un culto diferente al que estaba aceptado socialmente y que, además, estaba prohibido. Antes se hablaba de secta respecto a todo aquel culto religioso que no correspondiera al “normal”; sin embargo, con la globalización han surgido nuevos cultos que, para diferenciarlo del aspecto peyorativo cuando hablamos de “sectas”, se han decidido llamar “nuevos movimientos religiosos”.  Una definición apropiada es la de Michael Langone:

Secta es un grupo o movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general. […] Dado que la capacidad para explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas, tienen mecanismos de autorregulación que restringen el desarrollo de grupúsculos sectarios.

Por tanto, obviando la acepción que en el budismo tiene la palabra secta, hoy día las sectas se refieren a una agrupación de personas que se escinden de la sociedad, creando su propia microsociedad interna y que muestra una actitud aversiva hacia todo lo que se salga de la misma. Así mismo, el líder o la lideresa sectáreos son esas personas que manipulan a otras y que las escinde de la sociedad o de su entorno, bien completamente, bien en algún aspecto de su vida. Existen algunas características de comunes que podemos distinguir. Presta mucha atención a ellas, porque te pueden indicar si tú estás en una organización aparentemente sectárea o no.

Algunas características de las sectas

  • Existe una organización autoritaria y piramidal, siendo su jerarquía muy marcada. Esta jerarquía puede venir de personas reales que se encuentren en el escalón superior, o puede venir de abstracciones irreales capaces de someter a control a los adeptos.
  • Existe un líder o un grupo de líderes que controlan todos los movimientos de los seguidores. A veces pueden controlar el dinero y, normalmente,, no se someten a las mismas reglas que los miembros. Puede ser un control total o parcial del mismo. Normalmente cuando una persona que forma parte de su grupo decide tomar decisiones por su propia cuenta, son amonestados o se ven en situaciones de incomodidad.
  • Aislamiento del mundo en general y de las relaciones familiares en particular. Te convence de que el mundo es un medio hostil, o de que en el mundo que conoces, no vas a poder alcanzar la salvación, que la única manera que tienes de hacerlo es a través de ellos.
  • Controlan toda la información que los miembros manejan. Incluso denuestan aquella que no se adecúa a sus creencias. Cualquier cosa que no forme parte de su mundo, es negado. No aceptan otra cosa que no sea lo que ellos preconizan.
  • El mundo es un medio hostil. El mundo te va a hacer daño, y la única forma de evitar ese daño es a través de las  prácticas y cultos que ahí te proponen. Hechizos, ataduras, rituales, etc. que te sirvan para evitar dicho daño y para estar a salvo (cuidado, todo esto dentro del contexto de la secta… si crees que poniéndole Perejil a San Pancracio te va a salir un trabajo, pues son tus creencias, el problema es cuando si no lo haces algo malo puede pasarte).

Algunas características de los líderes –o lideresas- sectáreos

  • Son personas carismáticas. Tienen mucha facilidad de palabra, además de una imagen a tono con la ideología del grupo, con lo cual consigue ejercer manipulación en sus seguidores. Su aspecto físico se corresponde con esta imagen: determinada vestimenta, formas de hablar y caminar, maneras, objetos votivos… todos ellos debidamente estudiados para ejercer una poderosa atracción.
  • Son psicópatas. Las personas psicópatas parecen a simple vista ser muy normales, e incluso encantadores y humildes, sin embargo, en realidad son personas violentas y no soportan que se les lleve la contraria. Cuando esto sucede, se muestran con una rabia aterradora, incapaces de soportar la mínima contrariedad o frustración. Intentan conseguir lo que sea, sin importar el precio. Ridiculizan a las personas y las anulan para no desestabilizar su mundo. Todo esto puede estar oculto tras una máscara   de dulzura, humildad e incluso sufrimiento.
  • Autoritarios. Ellos son la ley. Su palabra es ley. No puede ser discutida ni revocada.
  • Mentirosos. Mienten de una manera patológica, e incluso aun descubierta su mentira la siguen manteniendo. Son capaces de convencer de la propia mentira.
  • Divinos, megalómanos, egocéntricos, ególatras. Ellos tienen el poder, la razón,, han sido bendecidos con la varita mágica de Dios o de quien sea,, por eso son ellos –y no tú- quienes están ahí, y son capaces de salvarte. Tienen poderes que tú no tienes: pueden comunicarse con Dios, pueden saber de tus/sus vidas pasadas, ven tu pasado y tu futuro, son capaces de mover energías, etc.

¿Por qué caemos en este tipo de redes?

Nadie, ninguno de nosotros, está exento de caer en algunas redes sectáreas o en manos de algunos líderes sectáreos. Ocurre por muchos motivos y algunos son.

  • La soledad. Cuando nos sentimos solos, desamparados y necesitamos a alguien que nos arrope, podemos topar con este tipo de agrupaciones. Ellos te tienden la mano, te sacan de tu soledad, te comprenden, te arropan,te dan cariño y amor… Pero claro, esto no es gratis… Una vez que te han conseguido captar, ahora empieza el sangrado de tu personalidad, tu manipulación y tu puesta en servicio para sus intereses.
  • Necesidad de experiencias nuevas. Todo aquello que trascienda nuestras insulsas vidas y que les dé un sentido mayor o aquellos objetivos que se pretendan conseguir: éxito, soluciones rápidas a los problemas, experiencias fuertes, etc. Ellos saben lo que atrae a las personas y lo explotan de manera que puedan captarte y tú creértelo.
  • Pérdida de valores. Ya no crees en el mundo, ya todo parece funcionar de una manera mísera y ruín…y de repente aparece alguien o un grupo que te ofrece nuevas perspectivas, nuevos valores, una nueva realidad que te permita conocer un mundo aquí y ahora más conforme con tu forma de pensamiento.
  • Falta de expectativas. Ya nada te importa en la vida… no hay un sentido… Y entonces descubre a alguien o un grupo de personas que te ayudan a darle un sentido a tu vida.
  • Falta de información. Buscamos una cosa, y nos encontramos con otra completamente distinta. Pensamos que a nosotros no nos está pasando, hasta que ya es demasiado tarde.
  • Crisis personal. Te encuentras en una situación de crisis y necesitas buscar consuelo o estabilidad, entonces aparecen unas ideas que te pueden ayudar a superar dicha crisis.

Todo esto son condiciones que puede sucederle a cualquier persona. No tiene nada que ver con tu nivel de estudios, con tu clase social, con tu situación económica o con tu edad… La mayoría de las veces no es un cambio abrupto. De repente estás fuera, y ahora, estás en una secta. No. Es un proceso a veces muy lento, que te va despojando de lo que eres para ponerte al servicio de personas y organizaciones que buscan de ti que seas un objeto para su propio beneficio económico y su propia idolatría.

Mi guía para saber que “todo va bien”

Y si aún no te ha quedado claro, aquí te doy una serie de puntos en los que yo me baso personalmente para determinar si algo se parece a una secta o no, según mi propia experiencia y en las experiencias que conmigo han compartido distintas personas que han asistido a mis clases y me han contado… Por tanto, hablo de aspectos que he visto en determinados grupos/personas que me hacen saltar las alarmas y que se encuentran a mi alrededor. Cuando practicas Yoga, o tienes a alguien como “líder” espiritual o del modo que sea, ten en cuenta que cumple estos requisitos fundamentales:

  • Te respeta como ser humano. No se entromete en tus condiciones o gustos. No importa si eres alto, bajo, pobre, rico, gordo, delgado, feo, guapo. No importa si eres cristiano, musulmán, budista. No importa si eres homosexual, heterosexual, pansexual, bisexual, asexual. Ninguna de tus condiciones importan. No se meten en ello, ni siquiera lo mencionan. Seguimos el primer Yama del Yoga: “La no violencia”. Tachar tu condición como algo negativo, sea cual sea, es una forma de violencia. Pensar mal de alguien por dichas condiciones, es violencia. Y eso no es Yoga.
  • Te ayuda a congraciarte con tu entorno, a aceptar y valorar tu realidad. No hace que huyas del mundo en el que estás. No te aleja de tus familiares ni de tus amigos. No te dice que en su seno está la salvación. No te da poderes mágicos ni sobrenaturales que los demás no puedan compartir. No te enajena del mundo. Formas parte del mundo. Puede que tengas tu nivel en Reiki, o en kinesia, o en flores de Bach… pero esto simplemente es una circunstancia más. No te hace mejor persona ni peor persona que los demás. Simplemente son otro tipo de creencias y conocimientos.
  • Puede compartir y aceptar otros puntos de vista diferentes al suyo, incluso los valora. Puede discutirlos y confrontarlos, claro, pero no intenta imponer su visión de las cosas ni del mundo. Todos tenemos nuestro propio sistema de creencias, nuestras ideologías, tendencias políticas, tendencias religiosas, principios… A veces algunas las aceptamos, otras no, de ningún modo… Pero no tratamos de cambiarlas, y sobre todo si estamos impartiendo nosotros las clases. Ahí, especialmente, hemos de mantenernos en una posición absolutamente neutral.
  • No habla mal de otras personas, ni de otros instructores, terapeutas o profesores, etc. No tiene una actitud ponzoñosa respecto a  las otras personas y muchísimo menos con sus propios alumnos. No trata de ridiculizar a nadie ni de frente ni por detrás. No habla mal de las personas ni de sus pensamientos, sus cultos y menos aún de sus características físicas, de su manera de pensar, o similar. Puede que no te suceda a ti en concreto, pero si ves a un profesor hacer mofa hacia otra persona o ridiculizarla… plantéate si esa persona es realmente la que ha de darte las cualidades que parece indicar (normalmente hablan de amor, compasión, energía universal, etc.).
  • Ha de ser consecuente con lo que dice y hace. No sirve de nada que proclame amor universal, cuando desarrollo en el aula un sentimiento de hostilidad, cuando pongo mala cara a alguien porque no hace lo que digo, cuando hablo mal de las personas, cuando miento, cuando no sigo lo que aconsejo. Ha de ser consecuente.
  • Te permite ser quien eres. Respeta tus límites,  te anima a continuar adelante. No es un ente superior. Reconoce sus propias limitaciones, pero eso no implica que no te ayude a que tú vayas más allá si te es posible. Busca tu potencialidad.

Lo que busco en mis clases cuando enseño Yoga

Y siguiendo estas ideas o preceptos, en mis clases procuro estar en sintonía con ellos. Intento liberar al Yoga y su práctica de toda aquella, para mí, parafernalia, de la que se ha rodeado hoy día. Existen algunos usos y costumbres que no los considero erróneos, ni peyorativos, ni muestra de nada… Yo los he seguido manteniendo porque al final se han convertido en un “anclaje”. Es decir, asocio esa costumbre a la práctica del Yoga que, a su vez, asocio con un momento de encuentro, de paz y de calma. No quiere decir que necesariamente tenga que practicarlo, pues de hecho, en muchas ocasiones he prescindido de ello… pero me ayuda a conectar. En mi caso, por ejemplo, suelo usar ropa de color blanca –o lo más clara posible- porque, como digo, es un “anclaje”. En la India suele ser muy habitual. El blanco, de hecho, es un color que se asocia con la pureza, y sobre todo, porque si tenemos en cuenta la influencia de los colores, estos pueden afectar a nuestro estado de ánimo y el blanco nos asegura que no nos influyan los demás colores. Otros colores que se usan son el naranja, color que simboliza unión.

Pero, salvando estos anclajes, intento que la práctica sea lo más personal posible y que se practique un Yoga austero, sin rituales raros, ni nada por el estilo. Quizás pueda decepcionarte un poco… quizás busques esa parte mágica y espiritual… Y oye, que a mí fantasear, pensar en mundos mágicos, en realidades paralelas y alternativas, me encanta, me fascina y por mí, encantada. Pero es que eso es de tal grado de subjetividad que no lo puedo enseñar en clase como si fuera parte de la realidad. Me circunscribo a lo que ya se ha experimentado… Y eso queda más bien en la literatura o en conversaciones de café. Si algo he aprendido es que cada uno tiene su propio universo de realidad, y lo que para ti puede ser una obviedad, para otra persona ni siquiera existir.  Algunos de mis preceptos son:

  • Respeto las características y condiciones de cada uno. Procuro que cada persona se sienta integrada en ese espacio, a pesar de las diferencias que puedan existir. Sí abogo por un ambiente distendido y respetuoso. No tolero faltas de respeto –aunque, por suerte, jamás he tenido que corregir ninguna ¡y espero no tener que hacerlo! – e intento que cada sesión sea integradora para cada persona.
  • Muestro el Yoga en su aspecto científico. Insisto en que es un medio para congraciarse con el mundo. El verdadero Yoga comienza cuando salimos de la esterilla. No se trata de crear un momento o un espacio que esté alejado de la realidad. No. Al contrario. Se trata de que esas técnicas te permitan vivir en el mundo actual y de reconocer en el mismo los aspectos positivos y negativos, y aprender a aceptarlos. El mundo, el entorno, la familia, los amigos, tu vida… Ahí es donde practicas el Yoga, es ahí donde debes estar.
  • Evito símbolos, ideas, figuras, objetos votivos y demás. El único objeto votivo es el propio ser. Existen grandes Maestros a los que venero y respeto, de los cuales tomo ejemplo para mejorar en mi vida. Pero evito crear un culto alrededor de ninguno de ellos, ni de ninguna persona. Invito a cada alumno, cuando la práctica así lo procede, a que venere o muestre sus respetos a aquello en lo que cree: dios, vírgenes, santos, ángeles, la vida, la existencia, la idea del amor, el sonido Om, la cruz de David, la media luna, Mahoma, Mahavira, Buda, Zoroastro, sus padres, su propio ser, el centro del universo, una estrella, la naturaleza… No importa. Cada uno tenemos nuestro propio mundo de creencias y de divinidades. ¡Me encanta que cada alumno tenga su propio elemento sagrado a lo que reverenciarse!
  • Procuro que cada uno decida con qué se queda. El Yoga es una ciencia, lo repito… pero sin embargo, a diferencia de la ciencia actual, la forma de acceder al conocimiento es introspectiva. Es decir, la investigación no es algo que pueda manifestarse a simple vista, sino que se trata de un proceso interior. No obstante, se utilizan los mismos métodos que la investigación científica, en la cual se analiza, se discrimina, se profundiza, etc. No obstante, este punto de vista interiorizado, lleva también a que manejemos una serie de ideas y conceptos que la ciencia, “extrospectiva”, que se dirige hacia afuera,, no sea capaz de asumir e interpretar… y se vea como algo mágico o exotérico (que no esotérico). Esto lleva a pensar en ideas y conceptos como los chakras, los nadis, el cuerpo sutil, el cuerpo causal… como “tonterías”. Y bueno, en cierto modo es comprensible el punto de vista… sin embargo, cuando se describieron los chakras, nunca se pretendió con ello hablar de algo mágico e irreal. No. Se  trataba de describir otros aspectos del ser humano a los que no se podía acceder mediante el conocimiento empírico. Ya luego han aparecido asociaciones –a veces imposibles- de los chakras con distintos elementos ideas o conceptos que nada tienen que ver con lo que se concibió. Además, hemos de interpretar estas ideas dentro del contexto y de los conceptos hindúes (algunos chakras, por ejemplo, se asocia a divinidades… pero ¿cuál es el concepto de divinidad? ¿Cómo son los dioses en el pensamiento indio? Hay que tenerlo en cuenta, solo que no es momento de hablar aquí de ello).

En conclusión

El Yoga tiene dos acepciones: por un lado, significa Unión (unión con todos los aspectos del ser / unión con el cosmos) y las técnicas que se emplean para conseguir dicha unión. Los profesores de Yoga enseñamos lo segundo. No podemos conseguir que te unas al Todo, porque eso es una práctica personal; pero sí te podemos enseñar las técnicas que se emplean para que puedas estar un poco más cerca de dicha unión. Por eso es importante la veracidad a la que me refería al principio y que en realidad responde a uno de los principales preceptos del Yoga: Satya. Ser veraz implica también ser sinceros con lo que estamos enseñando, ser sinceros con lo que recibimos a cambio de nuestros conocimientos.

Huir de todo aquello que, de alguna manera, no permita realizarte en todo tu potencial.  Evitar las distintas vías o métodos que te enseñan a alienarte de tu propia persona. Tú eres tu propio Maestro. El mundo es tu propio Maestro. Todo aquello que te aleje de ello, te limita y te anula. No lo olvides. Eres perfecto en tus imperfecciones. No hay nada superior ni inferior a ti.

En definitiva, el Yoga es nada más –y nada menos– que  una serie de técnicas austeras que te ayudan a transformar tu cuerpo, tu mente, tus emociones para poder tener una visión del mundo real en la que te sientas integrado. No te da poderes mágicos (¡lo siento!) ni soluciona todos tus problemas. De eso debes encargarte tú. La suerte no existe. Existe una actitud abierta, positiva, para transformar tu vida, para cambiar tu visión de la misma.

¡Hari Om!.