YOGA ADAPTADO: Decálogo de consejos para crear tu taller

Doy comienzo en la web a un nuevo apartado que forma parte de las actividades que realizo como instructora de Yoga, y es el Yoga Adaptado. En este artículo, os cuento un poco cómo fueron mis inicios y los aprovecho para daros algunos consejos, basados en mi experiencia, de cómo iniciar un taller para personas a las que debamos adaptar las sesiones de Yoga. Hay muy poca información al respecto en internet, que es el lugar que nos ocupa, y, a veces, nuestros propios prejuicios nos hacen olvidarnos de los colectivos de personas que pueden disfrutar del Yoga, y que piensan que no es para ellos. Espero que te sirva de ayuda.

Fue en el C.R.M.F. de San Fernando, el lugar en el que comencé a presentar mis proyectos para la realización de talleres de Yoga Adaptado. Con muchos nervios e incertidumbre, pues era un mundo totalmente nuevo para mí, me puse en contacto para proponerles la realización de un taller de Yoga que estuviera adaptado a personas usuarias de sillas de rueda y/o con movilidad reducida. Era todo un reto para mí, como asomarse por un precipicio y ver un enorme abismo, pues, aunque ahora parece que va extendiéndose un poco el Yoga Adaptado, realmente es poca la información que se tiene al respecto. Tras hablar con Concha, la directora del Centro, y darme su visto bueno, comencé a elaborar un taller en el que todas las personas que asistieran pudieran encontrar dentro del Yoga algo que las satisficiera. Un mes después, se ponía en marcha el primer taller de Yoga Adaptado en el C.R.M.F.: “Tomando Consciencia”. Una experiencia de la que aprendí muchísimo y que me sirvió para enfrentarme a mis propios miedos e inseguridades, para conocer cómo recibían el Yoga esas personas en esa situación especial, para conocer a gente increíble de la que todos los días conseguía aprender algo.

Desde el precipicio en el que me encontraba, bajo el abismo, decidí dar un salto y, en esa oscuridad, lo que encontré fue una dulce zambullida en sus aguas. Dio comienzo así una serie de proyectos y talleres especializados en personas con distintas capacidades y situaciones.

¿Cómo empieza todo? El detonante

Durante mi formación como instructora, tuve que enfrentarme a muchas adversidades que, en realidad, no tenían nada que ver con el Yoga en sí mismo, pero que socialmente te afectan. Cuando empecé mi instrucción, yo padecía Obesidad tipo II, y en muchas ocasiones leía cosas y veía imágenes en las que se transmitía una información errónea acerca del Yoga y de la obesidad (de lo que en otro momento hablaré). Recuerdo, además, que en un texto de un famoso autor de referencia sobre el Yoga, leí que esta disciplina no podía ser llevada a cabo por “personas con taras” entendiendo por “tara” todo aquello que no supusiera un cuerpo perfecto. Cuando estás formándote y lees eso, el mundo se te derrumba. Y ante eso, me rebelé: ¿!Cómo que no?! ¿Por qué no puedo alcanzar estados superiores de conciencia? ¿Por qué alguien que vaya en silla de ruedas, o que tenga algún problema con su zona lumbar, o que quizás haya sufrido un daño cerebral o la edad ya la ha deteriorado no puede alcanzar la iluminación? Y entonces, recordé un sutra del Hatha Yoga Pradipika:

Dice Swatmarama, en el sutra 1.64:

Cualquier persona que practique activamente yoga, ya sea joven o vieja, o incluso muy vieja, enfermiza y débil, puede convertirse en un siddha.

En este texto de referencia, Swatmarama nos dice que cualquier persona con la práctica del Yoga, puede alcanzar la iluminación. Cualquiera.

Fue aquí donde inicié mi proceso de rebeldía ante lo que la sociedad de occidente nos ha imbuido: que debes tener unos prerrequisitos para poder alcanzar la Iluminación, o para superar tus estados de consciencia, y que si naces con tendencia a engordar, o con alguna enfermedad, o con alguna discapacidad, o en tu vida, surgen circunstancias que te hacen no tener el cuerpo perfecto, entonces no puedes practicar Yoga. Y no, no es cierto. Tú, ahora, en tu situación, en cualquier situación en la que te encuentres, dentro de tu plena consciencia, tú puedes practicar Yoga. El Yoga se adapta a ti, no tú al yoga.

En esa idea, y en ese pensamiento, fue como decidí crear talleres para aquellas personas que quizás encontraran más dificultades para la práctica del Yoga. Comenzar a difundir el Yoga para todas y cada una de las personas que realmente desearan encontrar en sí su propio desarrollo personal y espiritual.

Algunos consejos para tu primera vez

El consejo más importante que puedo darte es que pierdas el miedo, y lo hagas. Asume que te equivocarás, pues nadie nace sabiendo y, por desgracia, existe muy poca información de este tipo de yoga y, lo que es peor aún, muy pocos medios. Tendrás que tener en cuenta muchísimas cosas para tu Yoga Adaptado, como el lugar en el que lo impartes, las personas que asistirán, los medios de que dispones… A no ser que dispongas de una sala con todas las adaptaciones, soportes y demás, seguramente tu sesión de Hatha Yoga tenga que ser homogénea para todos los alumnos, es decir, adaptar la mayoría de las asanas a la posición sedente, y valerte de los recursos de que dispones para intentar que las adaptaciones sean lo más efectivas posibles. De todas formas, aquí te dejo algunos consejos que, basados en mi experiencia, quizás puedan ayudarte, o eso espero:

1. Infórmate muy bien de las personas a las que vas a dirigir tu taller de Yoga Adaptado.

Aunque parece obvio, muchas veces nos dejamos llevar por nuestras propias ideas y prejuicios. Recuerdo que hace unos años, una amiga me contaba los problemas que una conocida suya había tenido a la hora de decidir hacer un taller de danza para personas con discapacidad intelectual, aunque había trabajado con personas con otras dolencias (como alzheimer o fibromialgia), en este caso, se encontraba con personas con una severa discapacidad intelectual, y fue gracias a una señora que cuidaba de uno de esos chicos y que tenía la formación suficiente para enfrentarse a las situaciones que se le presentaban como pudo salvar el taller, y salvarse a si misma de lo abrumador de la situación.

Es importante que te informes, que acudas a internet para leer sobre el tema, que sepas qué personas se encuentran en el centro y con qué dolencias, que preguntes, que vayas a foros, que compartas tu idea, y ya, en una segunda fase, que acudas al centro donde deseas impartirlo, y que expongas tus ideas y ellos te asesoren de si es posible o no.

A esta persona le sucedió que se esperó otra situación distinta, y sin embargo, de repente se encontró en ese precipicio del que hablábamos, sin saber qué había en el fondo, y sin paracaídas. Debes evitar, en la medida de lo posible, que esto te suceda a ti.

2. Realiza un boceto de la programación de tu taller con lo que vas a hacer.

Antes de presentarte en el Centro, te recomiendo que lleves tu idea en un programa. Esto va a darte seguridad y , sobre todo, credibilidad. En tu proyecto vas a indicar por qué quieres impartir el taller (el Objetivo de tu taller), cómo va a beneficiar a los usuarios que participen (objetivos específicos), de qué manera vas a impartirlo (los procedimientos), qué necesitarás para poder impartirlo (recursos y materiales) y cuánto tiempo necesitarás para ello (temporalización). No es necesario que cuente con más de tres páginas. Se trata de un boceto de tu idea, de los planos, que posteriormente vas a desarrollar.

Con esto, ponte en contacto con el centro. Escríbeles primero una carta de presentación, donde indicas tu idea, y si están interesados, solicita una cita, para explicarles qué quieres hacer, y en la cita, llévate tu boceto con una buena presentación.

2. ¡Están interesados! ¡Ahora, a trabajar!

¡Bien! ¡Están interesados! Ahora toca el momento de fijar las fechas en que se iniciará el taller, y ponerte manos a la obra con la programación del mismo. Tenlo en cuenta para que no te pille el tiempo justo. Calcula cuánto tiempo te llevará desarrollar la programación y establece las fechas conforme a ello. No es necesario tener una programación muy estricta pues, como sabrás, las clases tienen su propio ritmo y dinámica, y a veces nos encontramos situaciones en las que, de repente, una clase debemos cambiarla completamente… Pero siempre es bueno que tengas una guía sobre qué vas a hacer, para darle cohesión a tu taller, para que tenga sentido una clase respecto a otra, y que no sea fruto el azar. El azar déjalo solo para tu propia práctica.

3. Algunos aspectos para enfocar tu taller

Algunos aspectos que tuve en cuenta para el taller con personas con diversidad funcional, fue lo que el propio Yoga me enseñaba acerca de nosotros mismos. En mi caso, encontraría personas con una movilidad más que aceptable, con la posibilidad de practicar casi cualquier asana, y otras cuyo rango de movimiento era muy reducido. ¿Cómo podía enseñarles algo que les sirviera a todos? Apelando a la anatomía yóguica, tomándola como referencia: la asana es algo multidimensional, trabajamos con el cuerpo, pero también se trata de un trabajo mental, energético y espiritual. Cada Asana interfiere en un aspecto de nuestro ser, era el momento, pues, de sacarlo a la luz.

Por un lado, realizaba todas las adaptaciones físicas pertinentes según los rangos de movilidad: las asanas realizadas en una esterilla, para aquellas personas que podían realizarlas en el suelo, y las asanas realizadas en una silla, para aquellas que debían mantenerse en la silla de ruedas, cada uno, realizándola según sus posibilidades. Pero, además, para quienes las adaptaciones no eran posibles, les explicaba la intención psíquica de la asana: apertura, confianza, interiorización, introspección, equilibrio… Visualizarse en la asana, y mantener la actitud correspondiente… Y si visualizarse tampoco era posible, entonces apelar a nuestro cuerpo energético: ¿qué zona se activa energéticamente? Conocer los chakras que influyen en las asanas, y llevar ahí la consciencia.

Como ves, en realidad el Yoga puede adaptarse a cualquier situación, pues su sentido holístico en todas las técnicas y aspectos, nos permiten jugar con los distintos puntos de vista del ser humano.

4. Dale una cohesión a tu proyecto

Es importante que programes la actividad para que tu taller tenga un sentido, y que los usuarios sientan en sí una evolución, o que van avanzando. No te dejes llevar por tu intuición previamente, sino posteriormente. Cuando tienes el programa realizado, cuando ya estás en clase, cuando ya sabes qué tienes que hacer y enseñar, ahí es cuando puedes dejarte fluir y llevar… Y quizás tu clase sea totalmente distinta a cómo la proyectaste, pero quizás no… Es importante no perder de vista tu objetivo, porque entonces corres el riesgo de que los demás se pierdan.

5. Sé honrado, sé honesto

Si es tu primer taller, o si ellos nunca han practicado Yoga y no conocen de qué va el tema, ofréceles sesiones gratuitas para que ambos podáis probaros mutuamente. Existe un gran trabajo y esfuerzo detrás de cada hora de práctica del Yoga Adaptado, eso es indudable, pero sé coherente con el contexto donde te encuentras y con lo que ofreces.

6. No enseñes aquello que no conoces

No podemos saberlo todo, es imposible. Cuando no sabes algo, reconócelo antes de dar una información errónea. Es tan simple como postergar la respuesta con un “la próxima semana te lo aclaro”, toma nota de ello, y no te olvides de responder.

7. Deja que tus alumnos se expresen

Hay que seguir el programa, debes dar las directrices… pero a veces tus propios alumnos te van indicando el sendero que debes seguir. Deja que ellos también se conviertan en maestros tuyos, y, sobre todo, aprende.

8. Cada uno es responsable de su propio cuerpo

A veces nos pasa que nos sentimos responsables de los demás y del cuerpo, la mente y el alma de los demás. Realmente, cada uno es responsable de su propio cuerpo, y tú eres un guía. Invita a los alumnos a explorar, déjales claros los límites apropiados de las técnicas, cuándo deben abandonarla y cuando deben continuar con ella; pero si un alumno decide seguir forzando una asana, hazle entender que es su decisión y que tú no eres responsable de lo que suceda tras su decisión. Eres su instructor, no su tutor.

9. Valórate a ti mismo

Lo que estás haciendo no es fácil. A tu formación como instructor debes añadirle altas dosis de experiencia, muchas horas de trabajo, muchas pruebas, muchas equivocaciones y muchos aciertos. Valora todo ello en su justa medida.

10. Enfréntate a tus miedos, y disfruta

Al principio puede ser complicado, pero luego te darás cuenta de que tu proyecto llega a buen puerto. Las personas que encuentran en su día a día todo tipo de barreras, suelen valorar muchísimo estas actividades, esta normalización. Vas a tener unos alumnos aplicados e increíbles (bueno, a algunos quizás les aburra esto del Yoga…). Zambúllete con prudencia, pero sin miedo, en tus proyectos, y podrás llevar la luz del Yoga a cada persona, sembrar una semillita en ellos.

Y, por último, aprende. Intenta tomar nota de todo lo que sucede, de tus dudas, de tus resoluciones, de las aportaciones de tus alumnos, de sus comentarios, de qué aspectos les son más placenteros, interesantes o beneficiosos, de cuáles no y por qué. Toma nota de todo para continuar con tu propio aprendizaje. Todo ello se convertirá en una gran experiencia para ti, pero, sobre todo, para aquellas personas que podrán disfrutar de esta milenaria disciplina, al igual que los demás.

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