Yoga, ¿También para mí?

 

En muchas ocasiones, cuando alguien contacta conmigo para informarse sobre las clases, a veces se deshace en disculpas intentando ponerme sobreaviso que jamás de los jamases han practicado Yoga, que su cuerpo es rígido, que apenas puede cruzar las piernas, que llevan tiempo sin hacer deporte, que… que…

En otras ocasiones, sucede que la persona ya ha practicado Yoga, que viene a la clase, que se lleva la sorpresa de que la instructora va sobrada de kilos, y entonces dejan de prestar atención a lo verdaderamente importante y ves cómo intentan una lucha por demostrar que su cuerpo es capaz de estirar mucho más que cualquier otro, o de resistir más… Y ya no vuelven a aparecer.

 

Comenzar a practicar Yoga es aprender a no competir ni contigo mism@ ni con los demás. Es aprender a Aceptar.

Pero, por qué sucede esto es lo que verdaderamente nos tenemos que preguntar. Si el Yoga consiste precisamente en no competir, en no evaluar ni valorar, ¿por qué continuamos así? Y la pregunta que viene a ser la que da origen a este post: ¿quién puede hacer yoga y quién no?

El Yoga, querámoslo o no, se ha convertido en muchas ocasiones, junto con otras disciplinas como el Pilates, en una oferta, en puro márketing. Haces una búsqueda en internet sobre cualquier aspecto yóguico, ¿y qué te encuentras? Mujeres esbeltas, bellas, bien parecidas, con cuerpos excelentes y atléticos, haciéndote preciosas poses, mostrando en su rostro la más absoluta naturalidad, como si estar haciendo la Grulla fuera como levantarte de la cama y estirarte un poco.

Hombres atléticos, fornidos, de cuerpos bronceados y bien definidos, haciendo su Saludo al Sol con esa elegancia, ese dinamismo, esa belleza…

O quizás algún fakir indio de cuerpo escuálido y cubierto de cenizas blancas en posturas verdaderamente imposibles….

No necesitas ser un fakir para hacer Yoga.

Pero… no nos engañemos: una cosa es el Yoga, y otra la imagen que nos venden del Yoga. Esta tiranía de la imagen nos lleva a pensar que nosotros, con tooodos nuestros defectos, con nuestros cuerpos con kilos, sin kilos, con arrugas, sin arrugas, con ese defecto en la cadera, sin ese defecto en la cadera, con calvicie, sin calvicie… no podemos ser individuos aptos para la práctica del Yoga.

Quizás, si llevas tiempo practicando, sepas que no hay nada de cierto en eso. Pero si a lo mejor es tu primera vez y buscas información, el resultado puede ser desmoralizador. En alguna ocasión he encontrado a personas que me han dicho que el Yoga no es para ella, simplemente porque no es capaz de sentarse con las piernas cruzadas. ¡Ni que todo se redujera a eso!

El Yoga es una disciplina que abarca todos los aspectos del ser humano. Cuando realizas un asana, no solo importa cómo estén situados tus músculos y articulaciones; también debes tener presente tu estado mental y tu respiración. La belleza de la postura es absolutamente secundaria. Lo importante es ser Consciente de qué está sucediendo en ti.

Solo necesitas ser Consciente.

Para practicar Yoga, no necesitas ser mujer rubia, 1.80, 50 kilos y poder tocarte con el pie la nariz. Solo necesitas ser consciente y sonreír. Tu cuerpo no puede ser tu límite. Para practicar Yoga, debes aprender a abrir tu corazón, a aceptar cómo son las cosas, y amarlas tal cual son. Aceptar a la persona que tienes frente a ti, aceptar a las personas que te rodean, aceptar tus límites.

Solo necesitas abrir tu corazón y aceptarte a ti mism@ y a los demás.

El Yoga no sólo consiste en realizar posturas imposibles… ese no es el objetivo… A veces cuando buscamos información, se queda solo en esa punta del iceberg. El Yoga es autodescubrirnos, disfrutar de cada segundo de ese descubrimiento…

El Yoga es Autodescubrirnos, mirar al mundo con otros ojos, y disfrutar de esos hermosos instantes.

 

¡Namasté!

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