Satya: la Verdad

¿Cuántas veces hemos pensado de nosotros mismos que somos personas absolutamente sinceras y que la verdad es un pilar básico en nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos oído a alguien enarbolar la bandera de la sinceridad? Y, sin embargo, seguramente en alguna ocasión hayas tenido que recurrir a las “mentiras piadosas”, o hayas visto a ese mismo alguien sabotear sus propios principios en pro de un beneficio, o para evitar un mal mayor… O cualquier cosa. En todas las culturas, religiones y sociedades, la veracidad siempre ha sido un pilar básico de los principios. Una buena persona es aquella que no miente; una persona con la conciencia tranquila es aquella que solo emite juicios verdaderos. Sin embargo, en todas siempre se han desarrollado mecanismos para que esta actitud veraz fuera posible, bien prometiendo la paz interior, o la Salvación divina, o cualquier otra cosa. Siempre se ha visto como un beneficio para la sociedad –y realmente lo es- sin embargo, atender a la verdad, en realidad, el mayor beneficio que implica es para uno mismo. Patanjali, en sus Yoga Sutra, puso como segundo pilar básico para el desarrollo de una Conciencia Plena y armónica seguir la Verdad, ser veraces. De otro modo, alcanzar el estado de Samadhi sería imposible.  Pero, ¿Qué es la verdad? ¿Realmente somos sinceros? ¿Cómo podemos cumplir con una sinceridad impecable? En este post, intento, atendiendo a las interpretaciones de otros maestros y bajo mis propias reflexiones, adentrarme un poco en qué es la Verdad y de qué manera podemos acceder a ella.

 

Introducción

Ser veraz es una de las actitudes más valoradas por todas las sociedades y todas las personas. Cuando encontramos a alguien o algún organismo que falta a la verdad, enseguida sentimos una gran animadversión y recelo: en cualquiera de los ámbitos donde nos movemos y existimos, exigimos que sean sinceros con nosotros. Alguien que es consecuente con sus pensamientos, que cumple su palabra, que no emite juicios engañosos se ve como objeto de respeto, honor e incluso veneración.  Patanjali, en el sutra II.36, acerca de Satya (verdad), nos habla de los beneficios de ser veraces:

Cuando se logra la veracidad (satya), los frutos de las acciones del Yogui resultan

espontáneamente de acuerdo a su voluntad.

Es decir, ser sinceros y veraces va a suponer que nuestras acciones estén de acuerdo a nuestras voliciones. Cuando somos nosotros los que faltamos a la verdad, entonces se produce una disociación entre el mundo interior y el mundo exterior. Dicha disociación va a traer consigo desasosiego, malestar y tensiones que, a su vez, van a restringirnos de nuestro crecimiento y desarrollo personales. Sin embargo, en muchas ocasiones no somos conscientes de cuándo se produce esa falta de relación entre la acción y la voluntad, y será lo que veamos a continuación.

Satya, la Verdad: su significado

Satya significa, literalmente, “Verdad”, “veracidad”, y se refiere al hecho o la idea de que la Verdad ha de ser uno de los pilares básicos en la relación que establecemos con el mundo. A través de los Yama, el Yogui o Yoguini es instado a cumplir cada uno de los preceptos para que su ser interior, respecto de la sociedad, no se vea turbado por la tensión y la desarmonía. Recordemos que alcanzar el estado de Yoga significa experimentar la Unión con el Todo, y para ello, no puede existir ningún conflicto que nos disocie. Así, pues, el segundo Yama es sencillo –al menos a simple vista –: decir la verdad, aunque observando siempre el primer Yama, Ahimsa: no ser violentos.  En los Upanishad también encontramos referencia a  Satya y a la importancia que reside en ser sinceros:

 

“El Atman se alcanza con la verdad (…) La Verdad obtiene la victoria, no la falsedad. La Verdad es el camino que conduce a las regiones de la luz. Los sabios se allegan a ella externos de desos y así penetran en la morada suprema de la Verdad.

Mundaka Upanishad.

 

“He de hablar palabras veraces, y la palabra de la ley divina se posará en mis labios.

(…)

Que la luz del conocimiento sagrado nos ilumine, y que logremos alcanzar la gloria de la sabiduría.

Oh  Señor, permíteme que pueda allegarme a ti, y Tú allégate a mí, Señor.

Permite, Señor, que en la pureza de tus aguas pueda limpiar mis pecados.

¿Qué es lo que se requiere?

(…)

Veracidad y el estudio y la enseñanza de la Ley sagrada.

Taittiriya Upanishad

Ser sinceros nos lleva al encuentro de nosotros con el Ser Interior (Atman)  cuya esencia es la misma que la Conciencia Plena (Purusha). Solo atendiendo a la verdad podemos congraciarnos con la gracia divina, que se encuentra en el interior de nuestro ser.

Los aspectos y las direcciones de Satya

Reflexionando sobre qué es la verdad, cómo podemos ser sinceros, y si realmente lo somos, encuentro que son muchas las ocasiones en las que, aun pensando que atendemos a Satya, a ser sinceros, no lo estamos siendo realmente, pues la verdad tiene tres direcciones o vías, y a veces adolecemos de alguna de ellas. Al igual que sucedía con Ahimsa, la No-Violencia, Satya se desarrolla bajo tres direcciones:

– La sinceridad con uno mismo: ser sinceros con nuestros pensamientos  y emociones.

– La sinceridad con los que nos rodean: ser sinceros con lo que pienso y lo que digo o hago.

– La sinceridad con la sociedad: ser sinceros con la sociedad en la que convivimos.

Así como bajo tres aspectos:

– La sinceridad en el pensamiento.

– La sinceridad en las palabras.

– La sinceridad en las acciones.

Dos ejemplos de la no-veracidad

¿Cuántas veces hemos escuchado que es fácil criticar a los demás, pero muy complicado hacerlo con nosotros mismos? Seguro que muchas, y es que, realmente así es. Cuando hemos de dirigir la mirada hacia dentro, las cosas se nos complican muchísimo. Estamos acostumbrados a experimentar lo de fuera, a concebir lo de fuera, pero la vuelta hacia dentro requiere un gran coraje y una gran sinceridad. Pero detengámonos en el tema que ahora nos aborda.

Estoy segura de que en más de una ocasión has dicho algo que en realidad no estabas pensando. María acaba de tener un día muy ajetreado en el trabajo, está agotada, y recibe una llamada de Laura, una amiga, para pedirle que la acompañe al centro comercial, pues ha de hacer una compra urgente. María sabe que ella necesita compañía, pero está  agotada, sin embargo, se ve en el compromiso, por lo tanto, decide asegurarle que “no pasa nada”, que “está bien”, y la acompaña. Mientras tanto, María va pensando en que Laura debería darse cuenta de que lleva fuera de casa desde las siete de la mañana y que necesita un descanso… pero no… Va, sí, aunque por dentro está en desacuerdo. La acompaña con una de sus mejores sonrisas, aunque en realidad no le apetece nada estar ahí… pero… ya le devolverá el favor… Y mientras están haciendo la compra, Laura le enseña un vestido que le encanta… a María le parece horrible, sin embargo, sería demasiado violento decirle que es horrible cuando ella parece estar tan agusto.. Mejor hacer ver que sí, que tiene razón, y que es precioso…

Y así, resulta que María, a disgusto, pero con una máscara de despreocupación y placer, acompaña a su amiga Laura y se ve incapaz de decirle lo que realmente piensa. Al final, seguramente llegue a casa exhausta, cansada, enfadada y autocastigándose por ser incapaz de imponer su criterio, y viendo a Laura como alguien egoísta que se aprovecha de su amistad sin tener en cuenta que la ponía en un serio compromiso, y que esas cosas “son de cajón”.

Quizás, Laura, que piensa que a María no solo no le importa, sino que le gusta acompañarla, vuelva a llamarla otro día  para ir de compras, o para contarle sus problemas, o para cualquier cosa… Y ese día, María, que ya está un poco quemada de que no tengan en cuenta sus necesidades descuelgue el teléfono y le suelte las cuatro verdades y le recuerde su actitud egoísta. Y entonces Laura, sorprendida y ofuscada decida ponerle fin a la relación amistosa…

Y ahora tomemos de nuevo la situación: María acaba de tener un día muy ajetreado en el trabajo, está agotada y recibe una llamada de su amiga Laura. Laura necesita apoyo, está pasando por un mal momento, sin embargo, en ese instante María no puede servirle de gran ayuda, no tiene ánimo para ello. Cuando Laura le propone salir de compras, María decide explicarle a Laura que se encuentra muy cansada, y que mejor la acompaña otro día, pero que quizás, sí puedan hablar un ratito por teléfono para desahogarse un poco. María dedica unos minutos a Laura en una conversación amena y placentera, que incluso la distiende y la hace reír, Laura, por su parte, se encuentra más aliviada y seguro que ´volverá a ir de compras con su amiga otro día.

Estos son dos ejemplos – un poco malos – de cómo la falta de sinceridad puede abarcar a aspectos de nuestra vida de los que no somos realmente conscientes, y cómo no ser sinceros puede crear en nosotros tensiones innecesarias y, justo lo contrario, ser sinceros, puede ayudarnos a mejorar nuestra relación con nuestro entorno y, sobre todo, con nosotros mismos.

Sin embargo, también hemos de analizar el otro extremo de la sinceridad: cuando se es demasiado sincero.

Óscar enarbola allá donde va la bandera de la sinceridad. De si mismo asegura ser totalmente sincero, y de no guardarse nada. Cuando va con sus amigos, no tiene reparo en sacar los defectos de cada uno de ellos. Manuel es tímido y tiene poco éxito en el amor. Cuando salen los fines de semana, Manuel lo intenta, pero no obtiene resultados  y esto le hace sentirse mal consigo mismo. Óscar, que enarbola la verdad, le increpa y le dice que la culpa es suya, por ser tímido, y que así estará solo toda su vida, que de hecho es como lo ve: solo. Manuel se siente herido, y decide que es mejor no tener a esa persona cerca, así que se separa del grupo. Seguramente Óscar vea defectos en otra persona y así se lo haga saber.

¿De qué manera afectaba a Óscar el poco éxito en el amor para Manuel? Óscar tiene su vida amorosa solucionada, se encuentra conforme, en nada afecta que Manuel tenga pareja o no la tenga. Sin embargo, como la Verdad es su bandera, Óscar no tiene reparos en decirle a Manuel eso que piensa, aun a sabiendas de que seguramente hiera a Manuel. Como es de prever, a nadie le gusta que le digan “las verdades” a la cara… Así que Manuel decide poner fin a esa relación tensa. Y, sin embargo, Óscar sigue pensando que lo mejor que tiene es su constante sinceridad.

Asertividad: la forma actual de Satya

Ambos casos son ejemplo del significado que recoge en sí mismo Satya: decir la verdad, pero sin que la verdad sea dañina. En nuestra sociedad de hoy día tenemos un concepto que atiende por entero a este yama, y que nosotros llamamos “Asertividad”.

La Asertividad es la capacidad de decir lo que uno piensa, lo que de verdad piensa, sin la necesidad de hacer daño a los demás. Ser asertivos es ser sinceros con lo que nuestra voluntad desea en ese momento, pero sin tener que recurrir a palabras hoscas, agresivas o malsonantes, mejorando, de esa forma, nuestras interrerelaciones.

¿Cómo contemplar Satya?

Satya se contempla con una actitud asertiva, en la que somos consecuentes entre lo que pensamos y lo que decimos o cómo actuamos. Y esto se refiere a todos los aspectos de nuestra vida. Contemplamos Satya cuando somos capaces de decirle a una persona cómo nos sentimos realmente, sin responsabilizarla de nuestras emociones (pues, al fin y al cabo, nadie tiene el poder de meterse dentro de nosotros  y elegir el estado emocional que tendremos, es una decisión propia); pero además, se trata de que haya congruencia entre lo que digo y lo que hago. ¿Cuántas veces hemos quedado con un amigo “a las cinco seguro”, y resulta que nos colamos a las seis de la tarde mientras el otro espera? Eso también es desatender a la verdad.

Cuando te comprometes con alguien –sea quien sea ese alguien en tu vida- has de mantener tu palabra. En mis clases en muchísimas ocasiones me llaman y hablan conmigo para decirme que quieren venir y probar, me prometen que estarán aquí y luego no aparecen. Entonces, esto me ayuda a recordarle a mis alumnos la importancia de ser sinceros en todos los ámbitos de nuestra vida y con todas las personas, porque al final, cuando no lo somos, estamos creando una imagen de nosotros mismos que, al final, da como resultado precisamente lo que no deseamos: de falta de sinceridad, desconfianza, apatía…

Satya en la práctica del Yoga

La práctica del Yoga es un camino hacia el descubrimiento de nosotros mismos, y el primer nivel que nos encontramos es nuestro cuerpo. Cuando practicamos Yoga, contemplar Satya reside en ser conscientes de cuáles son nuestros límites. Ser sinceros es comprender que nuestro cuerpo tiene sus propias vivencias e historias, y que forzar las posiciones para obtener aquello que, de primeras, nos resulta poco factible, son un reflejo de la falta de honestidad con nosotros mismos. Contemplar el punto del que partes, aceptarlo y asumirlo, nos ayuda a establecer nuestra relación con Satya dentro de la esterilla. Ser verdaderos con la práctica, honestos con nuestros pensamientos y emociones, con nuestras voliciones y deseos.

En Conclusión

Son muchas las ocasiones en las que se produce esa disociación entre pensamiento-palabra-acción, dando lugar a un estado de tensión en los diferentes aspectos. Tensión cuando no decimos lo que realmente pensamos (y todo termina embrollándose), tensión cuando miento y necesito ocultar la mentira, tensión cuando de mi boca salen palabras que no son reales, y tensión cuando ello conlleva a realizar acciones que no quiero realizar. Y la tensión es el principal obstáculo de una mente meditativa, de un estado de Iluminación y de confluencia con el Todo. La mentira nos separa del todo, la verdad nos ayuda a ir de la mano con la Existencia.

Recuerda ser autocrítico contigo mismo, de saber poner los límites a tus pensamientos y palabras, y de contemplar el mundo teniendo en cuenta que el primer prisma con el que te encuentras eres tú mismo. De esa forma, Satya puede ser una realidad en ti.

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